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Las empresas españolas miran al espacio

Las empresas españolas de defensa, aeronáutica y espacio facturaron 9.700 millones de euros en 2015, un 3,19% más que en 2014, cuando cerraron con una cifra de negocio de 9.400 millones, según los últimos datos de la Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Aeronáutica y Espacio (Tedae). En el subsector espacial, la facturación fue de 756 millones de euros, frente a los 726 millones de 2014, y el 12% de esa cantidad se ha destinado a inversión en I+D, porcentaje que se ha mantenido estable.

Mars Reconnaissance Orbiter, nave espacial lanzada el 12 de agosto de 2005 para el avance del conocimiento humano de Marte.

Mars Reconnaissance Orbiter, nave espacial lanzada el 12 de agosto de 2005 para el avance del conocimiento humano de Marte. / RC

En Europa, los proyectos del espacio están dominados por la Agencia Espacial Europea (ESA), que sigue una política de retornos de acuerdo al nivel de participación nacional en la organización, es decir, "a mayor contribución, mayor retorno industrial", como señala Miguel Ángel Castillo, vicepresidente de Desarrollo Tecnológico en Aernnova Aerospace. El problema es que España históricamente ha mantenido una contribución a la ESA "muy por debajo de lo que le correspondería en base a su PIB", al contrario que otros países que contribuyen por encima de lo que les corresponde y consiguen un mayor retorno, como Bélgica.


Este problema se intentó empezar a corregir al comienzo de la década de 2000, con la intención de llevar a cabo un incremento progresivo de la participación española en la ESA durante un par de cuatrienios, "acercándonos -aunque sin llegar- a nuestro nivel teórico de contribución", explica Castillo. Este hecho se empezó a notar rápidamente en los retornos, "pero se vino abajo con la crisis, con el fuerte recorte en la participación española en la ESA, volviéndose a la situación de años atrás".

Sin embargo, uno de los datos positivos es el del empleo, que según los datos de la Tedae creció desde los 49.994 trabajadores en 2014, hasta los 54.448, el mayor número de empleados del sector en su conjunto de los últimos diez años. Según Javier Casado, responsable de proyectos Espacio en la división de Ingeniería de Aernnova, la formación de los ingenieros aeroespaciales en España ha cambiado en los últimos años. "Más importante que la duración de la carrera, es el nivel de los conocimientos científicos y técnicos que se reciben", asegura. Desde Aernnova afirman que los ingenieros aeroespaciales españoles son apreciados por las multinacionales extranjeras, "siempre que el idioma no sea una barrera". De modo que, "aunque la demanda interna sea modesta, tenemos un mercado disponible que podemos abarcar", destaca Casado.

Por su parte, Francisco Velasco, director de Desarrollo Estratégico de KIM Global (Knowledge Agents Alliance), broker de la Agencia Espacial Europea en España, señala que las titulaciones más demandadas en el sector espacial son las ingenierías de aeronáutica y aerospacial, telecomunicaciones, informáticas, electrónica e industrial. "Atendiendo a la actividad profesional, un 25% se dedica a la I+D, un 59% se ocupa de la producción y un 16% desarrolla otras tareas de apoyo", explica Velasco, quien recuerda que la demanda aproximada de empleados en el sector espacio español fue de unos 3.400 en 2013, con una facturación del sector de 736 millones de euros.

Una visión a corto plazo


En cuanto a cómo de complicado es dedicarse a este sector en España, Rafael Olmedo, director de Tecnología (CTO) de Geko Navstat, asegura que el sector no es el que encierra la dificultad, sino los retos. "La dificultad viene del contexto en el que se desarrolla y que, desafortunadamente, depende de visiones muy cortoplacistas de la Administración pública", dice Olmedo. El responsable de tecnología señala que a nivel nacional, ayuda el marco que ofrece Europa. "Las oportunidades más ventajosas que ofrecen otros países para poder desarrollar esta actividad, debieran servir de referencia para nuestros gobiernos, más que como un imán hacia nuestros investigadores y empresas".

Sobre la I+D del sector, Olmedo explica que se mira más hacia la universidad y los centros de investigación, cuando lo que debería hacer el sector y la Administración es "referir la I+D hacia las necesidades de la sociedad y el mercado. De esta forma, seríamos más capaces de hacer transcender la innovación al mundo real y hacer más sostenibles, racionales y efectivos los recursos".

Objetivo Marte

Una vez más, Hollywood y sus superproducciones de ciencia ficción tratan de adelantar el futuro. Cuarenta y siete años después de que los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin pisaran la superficie lunar, el hombre quiere ir más allá y alcanzar Marte.

'Misión a Marte' (2000), 'Planeta rojo' (2000) y 'The Martian' (2015) son algunos de los títulos que han "fantaseado" con largos paseos por las mesetas y cordilleras del cuarto planeta del sistema solar. Pero aún queda tiempo para hacer realidad estos largometrajes, ya que la NASA tiene previsto su aterrizaje tripulado en Marte no antes de 2030. Sin embargo, los viajes al planeta vecino se remontan a los años 60 del siglo XX. La primera misión exitosa llegó en 1965 con el 'Mariner 4', que consiguió fotografiar a poca distancia la superficie marciana.

En los años de mayor tensión en la carrera espacial, rusos y estadounidenses se apresuraron por alcanzar la órbita de Marte con numerosos viajes durante los 70. Pero no fue hasta 1997 cuando por primera vez se consigue posar sobre el planeta un vehículo autopropulsado llamado 'Sojourner', enviado en la misión 'Mars Pathfinder'. Su exploración de la superficie dura dos meses y los siguen por televisión con gran expectación millones de personas.

El siguiente hito marcado por las agencias espaciales se pospuso hasta2001, cuando la 'Mars Odyssey' norteamericana descubrió la existencia de hielo en Marte. Ya en 2011, la penúltima misión estadounidense aterrizó en el planeta rojo con el todoterreno 'Curiosity', que viaja por la orografía marciana buscando trazas de vida.

La distancia entre la Tierra y Marte es el principal escollo en la hoja de ruta para la primera misión tripulada a Marte. Y es que un viaje a la Estación Espacial Internacional dura unas horas; a la Luna, dos o tres días; pero al planeta rojo entre los seis y ocho meses.

No obstante, la NASA ya ha comenzado a buscar candidatos para pronunciar una nueva frase que pase a la Historia al pisar por primera vez la tierra roja de Marte. O quizá se adelanten a la propia NASA y el proyecto 'Mars One de Bas Lansdorp' forme su colonia marciana en 2026, aunque ya ha sido calificada por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) como una misión "demasiado optimista".

Fuente: diariosur.es

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